Philip Guston
Philip Guston (1913-1970) fue un artista contundente. Contundente por la rudeza de su trazo, por su abrupto cromatismo, por su inusual repertorio simbólico, por el inmenso formato de sus obras, pero sobre todo, contundente por su posicionamiento valiente y decidido en la pintura figurativa tan inusual como maldita en los años 60.
Si tuviese que definir con una sola palabra a Guston elegiría “honradez”.
Si tuviese que definir con una sola palabra a Guston elegiría “honradez”.
Admiro su reflexivo transito de la abstracción a la figuración, cuando la figuración era un acto heroico. Para Guston combatir en esa trinchera suponía posicionarse en el bando de la no-modernidad, una rebelión inaceptable por parte del integrismo cultural de la época. Paradójicamente, más tarde, la crítica lo convirtió, en contra de su voluntad, en el simbólico macaron de la transvanguardia.
Guston además elaboró una iconografía tan peculiar, como personal e íntima. Sus cuadros giran en torno a su vida, a sus dramas, componiendo una emotiva autobiografía con un lenguaje a mitad de camino entre la dura estridencia del grito y la ternura infinita del hombre que generosamente se desnuda en cada cuadro.
Cuantos formidables artistas se han diluido sobrepasados por sus propias facultades. Que difícil construir algo rotundo, inapelable, esa obra que se mantiene en la cúspide de una montaña inclinadísima por cuyas laderas se precipitan las obras mediocres, como despojos en la ciénaga. La obra de Guston se encuentra enclavada en el mismísimo vértice.
Pareja en la cama. Óleo sobre lienzo, 206x240 cm. Legado Philip Guston. New York
Etiquetas: Pintura


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