14 febrero 2014

Dos mas uno no son tres

Y allí sigue, en silencio, acumulando polvo, junto al proyector de cine, el barco pirata y la nave espacial.
 ...después de mil estrategias, mi hijo seguía siendo esquivo con mi nueva pareja.
Una mañana, mientras lo llevaba al colegio cogido de su manita pequeña y suave, le pregunté:       
         -Últimamente te noto triste. ¿Qué te pasa con Julián?
 El niño me miró y bajó sus ojos acuosos en silencio. La misma mirada, que aquel día al regresar del trabajo, me lanzó tumbado en su cama, mientras Julián salía apresuradamente de la habitación.
 Regresé llena de cólera, él seguía fumando ausente. Cogí el cuchillo grande y se lo hundí en el pecho. Lo arrastré hasta el sótano, dejándolo entre viejos juguetes.

23 enero 2014

El cuaderno del hombre que daba cuerda al mundo


Había una vez un hombre soñador e intrépido, que tenía la virtud innata de poder viajar por mundos que él mismo creaba.
Tenía imaginación suficiente como para teletransportarse en el tiempo con tan sólo un "click" de su mente.
Ese era Albor Rasecoip, un hombre excepcional y éste es el cuaderno de todas aquellas expediciones terrenales y espirituales que almacenaba en su cabeza.
Microrrelato e ilustración de Violeta Robla Cardona

Benditos bares, malditos bastardos

Ahora recuerdo la campaña publicitaria de Coca Cola en defensa de los bares, "Benditos bares", supongo que estaba buscando un lugar donde pudiesen ir a ahogar sus penas los 1200 despedidos, que ejecutará la marca en las embotelladoras españolas. La sociedad de consumo tiene estas cosas, estos pequeños daños colaterales. A más de uno se le soltaron las lágrimas con la defensa que hacia la multinacional de algo tan "nuestro" como los bares. La publicidad emocional es lo que tiene, que toca la patata. Pero luego vienen los directivos de la marca con sus recortes, ajustes y EREs y no les tiembla ni un pelo. ¡Qué bello es vivir en esta Sociedad de Consumo!

17 enero 2014

Lágrimas y lágrimas

Pero esta vez ella lloró. Ana que siempre decía riendo:
     ­­-A mí a pelar cebollas, sin una lágrima, no me gana nadie.
Y era verdad, siempre vencía cuando nos reuníamos todos los amigos en la casa de campo de Raquel, una íntima amiga de mi mujer Ana.
      Aquel día, cuando entré en la cocina, estaba pelando una cebolla para un sofrito y sus lágrimas caían torrenciales sobre la tabla de cortar:
      -Cariño, en el próximo concurso entrénate o te ganará Raquel.-Dije sonriendo y abrazándola por detrás.
Ella apartándome bruscamente, susurró sin parar de hipar:
    -Se-guro, de mo-mento ya me ha ga-nado en el del a-mor.

11 enero 2014

Vida y muerte de un rio

Nació el primer arroyo de la primavera. Se inició curtido por los vientos recios de las cumbres, el delicado polvo de la nieve y el  frío del hielo. El sol tenue de marzo lo despertó y lo envió cumbre abajo. Al principio se movía asustado, pero pronto aprendió que si se unía a otros manantiales, podían unir sus fuerzas. Todos eran un solo río, cada vez más grande. Y ese río ya adolescente supo cuando venía una cascada, por el rumor de las aguas que lo precedían. Aprendió que después llegaba un remanso, y que en un lento girar, volvería a caer por los rápidos. Pero mientras, descansaría en un pausado baile en espiral.
Ocurrió un día que en uno de aquellos remansos pasó el río junto a una hermosa ribera, en el esplendor de la primavera, y en su recorrido volvió a pasar  dos, tres, cuatro veces. Ahí fue donde cruzaron sus miradas y se unió el rumor del río con el murmullo de las hojas del ribazo. Sus ojos ya no se separaron hasta que en el quinto y definitivo paso, el río se ralentizó y sus aguas prolongaron su caricia. Mientras, los matorrales de la ribera bajaron a beber del río y aquel momento se eternizó para ambos, porque los dos sabían que nunca volverían a verse.
En un instante, el río enganchado como un vagón más del tren, se precipitó por los rápidos hasta llegar a la llanura de ancho caudal y caminar lento.

Cuentan los ancianos que el río, mucho antes de morir en brazos del mar, ya tenía el sabor a sal de la melancolía y que el rumor de la ribera añoró durante toda  su vida, una crecida que la arrastrase hasta su río. 

09 enero 2014

Tontamente

Y así, tontamente, acabe pegándome un tiro certero y mortal.
Hace ya dos años que me despidieron del trabajo, en el que llevaba veinticinco años, con una indemnización ridícula. Ahora no tengo ya ni subsidio de paro y la indemnización se ha consumido. Estoy cansado de enviar currículos, harto de entrevistas, de peticiones, de suplicas y  asqueado de arrastrarme como un gusano.
Tengo que suscribir un seguro de vida para dejar a mi mujer y mis dos hijas, un fondo con el que puedan vivir sin apreturas.
Una vez resuelto, les anunciaré que el próximo fin de semana iré a la cacería del amigo de mi amigo Manolo. Ante la sorpresa de mi mujer, le diré que es posible que pueda hablar, entre disparo y disparo, con gente importante que me pueda conseguir un trabajo. Finalmente quizás logre convencerla.
Jamás he tenido una escopeta en mis manos, será bastante creíble.

01 enero 2014

Habrá una séptima vez

- Habrá una séptima vez, dijo el director de casting a Nicolás Frenze, un joven de 18 años que desde Jaén  marchó a Madrid, el mismo día que descubrió a su novia con un guaperas del pueblo, revolcándose en un camastro.
- Si, supongo, y una octava, como antes hubo una sexta y una quinta, pero yo sólo quiero un papel de figurante, para aprender y ganar algo para subsistir aquí en Madrid.
- Dustin Offman fue rechazado 10 veces antes de que le dieran su primer papel, en el que hacía de botones de hotel; solo decía "gracias señor" y míralo ahora donde está.
Nicolás lo miró con cara de entusiasmo.
El director de casting prosiguió:
- Muchacho, si quieres ser actor tienes que tener paciencia, ver mucho cine y observar a los maestros.
Años más tarde, hizo su primera figuración, con la emoción de un joven principiante, interpretaba a un abuelo moribundo, sin frase, que compartía habitación, con el protagonista, en un hospital.
Murió cuando el director dijo: 
- Corten, vale la toma.

Tenía 98 años. 

31 diciembre 2013

Canción de cuna

Cierro los ojos y te veo, Hermoso Fuego. 

Tus llamas, del color de las cerezas más lascivas, se mueven en una espiral imperfecta. 

Hermoso Fuego, con sus manos etéreas, te abrazas a mi pecho, mientras que tus dedos como dagas atraviesan mi carne hasta apoderarse de mi ser. 

Me rindo en brazos de la  sublime muerte.

Por eso cierro los ojos, Hermoso Fuego. 

21 diciembre 2013

Crónica de un temblor

DIARIO MI SUR desde Valdepiedras por Casimiro Coronado. nº 1657, 16 de mayo de 1922. 
Transcripción literal.

Hoy se cumple un año desde que la tierra tembló en Cueto Sandín, un paraje que en otro tiempo fue vergel de árboles centenarios de troncos vigorosos y hojas multicolores, que procuraban una sombra fresca al pastor Eudimio Piedra cuando cuidaba su rebaño de cabras, en los días secos que en aquellas tierras eran muchos. Este diario logró hablar con Eudimio el pastor, después de varias tentativas y sus correspondientes negativas, hasta que más por cansancio de Eudimio, que por habilidad de quien firma, nos contó lo que había ocurrido, con tal convicción que nos dejó fuertemente impresionados. Fijó su mirada en un punto, como si estuviera transcribiendo de su memoria las palabras que pronunció a continuación en un monólogo ininterrumpido.
 
- Yo presentía que algo así pasaría. Llevo observando este paisaje desde los 12 años y ahora tengo 71, así que calcule. Si echa la vista a lo lejos verá secarrales y más secarrales, por eso el cueto era un paraíso rodeado de muerte. Un paraíso que disfrutamos la familia Piedra durante generaciones. Este trozo de tierra que perteneció a mi padre y me lo dejó a mí en herencia, que perteneció a mi abuelo y se lo dejó a mi padre de herencia, que perteneció a mi bisabuelo y se lo dejó a mi abuelo de herencia y así sabe dios cuantas generaciones más, de repente un mal día comenzó a secarse a partir de un punto y cada año la superficie del círculo concéntrico era más grande. Los árboles pronto comenzaron a notar las consecuencias; las raíces no encontraban alimento y en consecuencia las ramas fueron perdiendo fuerza, cada año nacían más delicadas, hasta que las más jóvenes terminaron por yacer en el suelo. Las hojas que antes tenían colores vivos, diferentes cada una de ellas, acusaron el declive del árbol  perdiendo su color, hasta que en los últimos tiempos habían perdido la tersura y eran pálidas y débiles. 


- Un día, una de las cabras, la mayor, la guía de la manada, Cabrazul, se tumbó en un trozo de tierra especialmente árida, aquel punto donde todo comenzó, apoyando su cabeza en el tronco del árbol Fortuno, reseco pero a la vez reblandecido, como si hubiese sido atacado por una extraña plaga. Me acerqué hasta allí por el comportamiento raro del animal y ví como de sus ojos brotaban lágrimas, a la vez que la tierra y los árboles emitían un suspiro que día a día era más profundo y triste. Me senté junto a ella y la acaricie para consolarla y noté un latido que movía la tierra levemente a su compás. Días más tarde se había convertido en un rumor más profundo y desgarrador. Las cabras ya no querían pastar, solo estar en torno al maldito punto donde todo comenzó, emitiendo un balido abatido y profundo.
Ese día por la noche no podía dormir, dándole vueltas a la situación tan extraña que había ocurrido aquella tarde y decidí que al día siguiente, a primera hora, iría a comentárselo al alcalde, pero cuando iba a cruzar el umbral del ayuntamiento, Remigio el alguacil me dijo- pues ya tiene que ser importante el asunto para que un pastor se quiera entrevistar con nada menos que el alcalde. Echó una despreciable risotada y dijo - Ay Eudimio, que mal te está sentando la soledad del monte, te has vuelto loco de remate, anda vete de aquí y no insistas más, que llamo al cabo Sostres para que te de una buena pasada de hostias, y te deje la cabeza en su sitio-. Yo que he sido siempre hombre de paz, pocas palabras y menos amigos, subí al cueto como todos los días con las cabras y me recosté justo donde se había tumbado el animal el día anterior. Entonces pude oír el llanto sofocado de la tierra, el calor de los suspiros y el movimiento acompasado de su respiración como si de una piel se tratase. Sentí una mezcla de pena y ternura, como sentiría con alguien muy allegado. Allí recostado sobre el pecho compungido de la tierra, estuve un buen rato acariciándola hasta que cesó el profundo llanto y la agitación de su pecho. Había atardecido demasiado pronto y debía darme prisa si quería tener a las cabras recogidas en el corral, antes de que se metiera la noche en el camino, pero ellas como si hubieran adivinado mis preocupaciones, enfilaron, rápidas, la ladera de una en una. Hasta que llegaron a la revuelta donde se dejaba de ver el cueto y aparecía Valdepiedras y allí pararon unos segundos, no por descansar, sino como despedida. Así mismo hice yo, sin poder reprimir que las lágrimas brotasen de mis ojos, como cuando lloré por última vez cuando tenía siete años y don Amadeo el boticario me pilló encaramado a un árbol comiendo sus manzanas. Me cogió del pie y me tiró al suelo, me levantó por el cuello de la camisa y me soltó tal guantazo que lanzó mi escurrido cuerpo a cinco metros de distancia. En aquella ocasión lloraba de rabia, porque sabía que aquellas manzanas morirían pudriéndose en el suelo. Ahora las lágrimas eran de pena, porque algo mío agonizaba y sentía la misma impotencia al no poder consolar y curar a la tierra, como la sentí por el bofetón y la injusticia del boticario cabrón.

- Perdone usted señor periodista, que mezcle historias y me vaya de un sitio a otro. Resumiendo, aquella misma noche mientras el pueblo dormía, a eso de las cuatro de la madrugada la tierra tembló y el ruido que acompañaba el temblor era su propio llanto, su terrible y desesperanzado llanto. 
En la radio dijeron terremoto escala 5,7 en la escala de Richter. ¡Que sabrán esos!

El periodista impresionado por aquellas palabras le echó el brazo por el hombro y le dijo.
-Vamos hasta el bar que lo invito a tomar algo.

El pastor se zafó del brazo del periodista y le dijo:
- Se lo agradezco, pero las cabras ya están inquietas en el corral y el cueto nos espera. Hasta más ver.

Texto manuscrito, grapado junto con el recorte del periódico, de autor anónimo, solamente aparece una fecha 26 de mayo de 1932. Transcripción literal. 

Momentos después el pastor y las cabras desaparecían en una nube de polvo hacia Cueto Sandín. Cuando llegaron, a pesar del gran temblor de la tierra y su escalofriante llanto, todo seguía igual que cuando lo dejaron la tarde anterior. Fue al llegar a la zona cero cuando descubrieron una gran herida infectada, de unos dos metros por uno, rodeada de una pequeña inflamación que latía lentamente, pero su sonido, en el silencio de la madrugada era audible por mi y por supuesto por las cabras, que la rodearon y comenzaron a lamer cuidadosamente.

Eudimio, sobrepasado por la situación  y por la presteza con la que actuaron las cabras dejó que continuaran. Como el rebaño era grande y no cabían todas las cabras alrededor de la herida, formaron filas de cuatro, a modo de círculos concéntricos, y con un orden perfecto fueron tomando relevos.  

Las que terminaban su turno salían de la fila y bajaban hasta el arroyo Cativo, pastaban durante unos minutos, bebían agua y volvían a incorporarse a su fila. Estuvieron así todo el día y los siguientes; actuaban con tal convicción que el pastor prefirió no intervenir en nada. De madrugada, cuando iba a buscarlas a la corte ya estaban prestas para salir en orden y a buen paso. Sin salirse, ni distraerse del rebaño. Una vez en el cueto, continuaban el proceso.

Al cabo de un mes la evolución de la herida era evidente, la inflamación había desaparecido, el tamaño se había reducido a la mitad y en la superficie se había creado una costra dura. Ya no se oía latido alguno. Con el paso de los días las cabras volvieron a su actividad normal, pacer, dormitar, beber y vuelta al pueblo.

Pasadas unas dos semanas Eudimio empezó a detectar pequeños brotes en los círculos externos de la zona cero, que al coincidir con la primavera, rápidamente avanzaron hacia el centro. Más adelante descubrió como las ramas de algunos árboles comenzaban a despegarse del suelo, los troncos recobraban poco a poco el vigor que habían tenido y las  hojas iban perdiendo la uniformidad y recuperaban sus colores anteriores. El proceso de regeneración fue tan rápido, que parecía un decorado de goma al que estuviesen insuflando aire hasta tomar la altura y configuración deseada.

En el mes de mayo el paisaje estaba otra vez como en sus mejores tiempos o incluso mejor que nunca, la tierra  del cueto estaba cubierta de hierba de un verde intenso y su extensión había crecido, los troncos y ramas de los árboles eran más fuertes y musculosos y el brillo y color de las hojas más intenso. Eudimio se sentó en el lugar donde había aparecido la grieta, donde ahora asomaba una extraña roca pulida y negra, apoyó su espalda en el árbol Fortuno, y bebió un poco de la bota que siempre llevaba cruzada. Observó feliz el nuevo paisaje, fue reconociendo a cada una de sus cabras, las más jóvenes como Leala, Furtiva, Silenciosa y a las más viejas Llorona, Llebana, Arena y, como no, Condesa; y a todas las demás y a todas las vio más lozanas que nunca y con las ubres tersas como piedras. Miró los troncos de los árboles, las hojas que pendían de sus ramas, la luz que se filtraba formando líneas oblicuas desde los claros de las hojas hasta el suelo y la brisa dulce que recorría su cara, su cuello y sus manos. Poco a poco amodorrado y acariciando la Roca Negra quedó apaciblemente dormido.

Las cabras continuaron con su rutina el resto del día, hasta que fue cayendo el sol más de lo que era habitual. Se acercó Cabrazul hasta Eudimio y topó con su hocico en el pecho, pero no hubo reacción alguna, le lamió las manos, el cuello, la cara, los ojos cerrados intentando abrírselos, pero Eudimio no se movió. Cabrazul dio un balido largo y angustiado, como un gran llanto, y todas las cabras acudieron en torno a su pastor. Una por una fueron lamiendo sus manos, su cuello, su cara y sus ojos y como había hecho Cabrazul se tumbaron a su alrededor hasta que poco a poco fue oscureciendo, y vino la noche más apacible de todas las primaveras. 

Cuando hubo acabado la noche, los primeros rayos de luz fueron iluminando el cueto hasta que todo fue visible. Al llegar al cueto el hermano y el cuñado de Eudimio, alarmados de que no hubiese vuelto con el rebaño vieron lo que nunca habían visto. El Cueto Sandín exultante de vigorosidad y color, sobre el suelo, más verde que nunca, todas las cabras muertas, con los ojos abiertos y húmedos, y en el centro, Eudimio con el rostro mas terso y alegre que ellos podían recordar, porque al fin y al cabo estaba rodeado de todo lo que más había amado.  

Ambos textos los encontré por casualidad en un pequeño baúl, junto con otros recortes y cartas, en la buhardilla de la casa de mi abuela Consuelo, en Murias de Paredes. Sospecho, por la letra y su amor a la escritura, que el segundo texto es de su autoría. Deseo que esta publicación sea un homenaje a ella que tan presente ha estado en mi vida, cuando estaba aquí y ahora en mi mente, cuando ya no está.
Fotografía: Pío César Robla

18 diciembre 2013

Habrá una séptima vez

La mujer que iba en el coche a mi lado era la mujer de mi vida. Sus dedos repiqueteaban con un ritmo nervioso. Aquel día estaba especialmente bella, vestida de blanco, un blanco impoluto que le otorgaba cierta majestuosidad. Sus ojos, siempre luminosos, hoy estaban resplandecientes. Era para estar feliz, porque había logrado recuperar por fin al hombre que había buscado durante tanto tiempo. Íbamos en silencio pero intermitentemente nos mirábamos, ella dejando al descubierto aquella dentadura perfecta.
El guardián abrió las puertas y el coche continuó hasta la escalinata que conducía a la puerta de entrada. La mujer descendió del auto y rodeándolo por delante sin dejar de mirarme, abrió mi puerta, yo no podía hacerlo porque estaba reducido con una camisa de fuerza. La enfermera, triunfante, me tomó con delicadeza del brazo y me condujo de nuevo al interior del oligofrénico. 
Yo pensé, habrá una séptima vez.

17 diciembre 2013

Tiempos de desasosiego

Vivía en una casa impoluta, llena de luz y de vida. Hasta que un día todo cambió, veía telarañas por todos los rincones, polvo amontonado en las esquinas, el suelo cubierto de desperdicios. Pero lo peor eran los diminutos granos de azúcar  desperdigados por toda la casa; cada vez que daba un paso oía un "crac" que me helaba la sangre, que electrificaba los nervios que terminaban en la punta de mis dedos, que inconscientes interpretaban una danza frenética y sin sentido.
Toda la pesadilla comenzaba por la mañana al despertar. Nada mas levantarme me encontraba bien, con sensación de haber descansado, pero al llegar a la cocina unos minutos mas tarde, después de pasar por el baño, los nervios iniciaban un recorrido vertiginoso por todo el cuerpo,  cimbreándolo por partes. Sobre todo se concentraban en las manos y en la parte superior del pecho y llegaban hasta la traquea. Eran pequeños alfileres que estaban en mi  interior y luchaban por salir, no era doloroso, pero esa agitación me producía un enorme desasosiego. Los espasmos incontrolables, no los percibían los demás, pero si mi mujer, que los notaba en la cama, porque se propagaban a través del colchón mientras yo dormía.
Esta sensación estaba acompañada de otra mucho más fuerte y desestabilizante, una angustia o ansiedad que físicamente se localizaba del pecho hacia abajo, hasta el estómago. La sensación era de que alguien estuviese golpeándome el esternón para cortarme la respiración. Algunas veces cesaba al poco tiempo, otras duraba media mañana, en ocasiones me torturaba durante todo el día.
Ocurría cualquiera de las tres posibilidades sin que nada externo lo motivase, sin que estuviese precedido por algún disgusto o contratiempo.
Llegué al convencimiento de que tenía dentro de mi algún bicho maligno alojado en algún hueco y que literalmente se alimentaba físicamente de mí_ en los últimos meses había adelgazado 10 kilos. Este ser sabía trajinar en puntos vitales para provocarme aquellos estados y sensaciones. Cuando estaba a solas con él, yo trataba, con buenas palabras, de esclarecer por que se comportaba así, si era por alguna acción que yo realizaba o simplemente le suponía un divertimento, pero jamás me contestó. Esta actitud del monstruo no hizo otra cosa que confirmarme que la forma de expresar su odio hacia mí.
Ahora estoy convencido de que es él quien por las noches mientras yo duermo, se dedica a tirar el azúcar por el suelo, a manchar con chorreones de agua sucia los cristales, a esparcir basura por todos lados y a deteriorar el orden de la casa, que fue mi remanso de paz en otros tiempos más luminosos. El malvado está provocando el mismo desorden en mi hogar, que en mi interior.
Falta por ver quien gana la partida, para ello debo investigar, porqué unos días actúa con más furia y otros con menor intensidad. Tengo montones de cuadernos donde apunto todo lo que me puede servir para adivinar sus patrones de conducta, pero es tanto lo apuntado que me resulta difícil llegar a una conclusión final.

09 diciembre 2013

Doble invierno

Doble invierno, como dos trozos grandes de hielo, de los de antes, derritiéndose entre mis piernas desnudas. Mi lecho es una sábana de nieve pulcra, sin las arrugas móviles de las pesadillas de mi niñez. Agradezco que el agua sólida me sustente, que el viento temple mis mejillas enrojecidas, y barra de mis ojos las lágrimas que se congelan apenas brotan. Con lo dramático, esperanzador y metafórico que sería si resbalasen hasta caer en la nieve, aun tibias, y fuesen derritiéndola, dejando al descubierto el suelo, en el que pudiese brotar un tallo buscando desesperadamente la luz. Pero estos inviernos tan duros que marchan en dirección contraria, lo hacen imposible. 
Con el paso de los días, algo me dice que mi corazón ya no es rojo, que es un radiador por el que fluye una sangre acuosa y amarillenta como el anticongelante. El rayo que me ciega en la cúspide del cielo de momento cesa y alguien que no reconozco por el contraluz, dice: va a ser del motor, chasca la lengua y repite, esto va a ser del motor y repentinamente desaparece, con su maletín de herramientas, moviendo la cabeza.
Uno de los inviernos es previsible, comienza y se va, todos estamos subidos a la rueda del hamster, y los que nos caemos gritamos para que alguien nos ayude a subir de nuevo. Sin embargo, el otro invierno, viene cada vez con más ventisca, cada día se transforma como un magnífico virus, a él no le importa la primavera, ni teme al verano ni se adormece en otoño. Está hecho de nuestra historia, de nuestra peor historia, de nuestro detritus no expulsado en su momento. Todo ello contenido en un virus con nuestro ADN, congelado durante años. Un virus que un día decide atacar con la sabiduría del sacacorchos; comienza por las capas superficiales, continúa por la carne y atraviesa los huesos en silencio, en busca de nuestros órganos vitales, corazón, sistema nervioso,... 
Al contrario de lo previsible, no es doloroso, nos empuja hacia un abismo placentero, nos desorienta y nos instala en una duda improductiva. 
Los entendidos te dicen: tranquilo, no mata. Otros te dicen: un día te levantarás y sabrás que ya pasó todo, que ya estás de nuevo subido a la rueda del hamster. Ese mismo día te preguntarás: ¿y no era mejor el invierno?, solo los resolutos se tirarán de nuevo por la añoranza de las huellas del caminar perdido. Dicen que si esperas un día más, habrás olvidado todo y serás feliz con un invierno, una primavera, un verano, un otoño, un invierno…



09 noviembre 2013

La prueba de que Dios ha muerto

¡Ay Dios!, aun recuerdo cuando mi abuela me leía fragmentos del Antiguo Testamento, con aquel Yahvé que tenía tan buena vista que no se le escapaba ni una. Aquel Yahvé que a los buenos salvaba y a los malos exterminaba.

Incluso hubo momentos en los que llegó a ser pesado porque se metía en todo, empezando por la manzana del Árbol de la Ciencia. No creo que fuese para tanto, el castigo fue desproporcionado por comer un trocito de manzana, no fue una lata de caviar iraní, los echó del paraíso y les hizo trabajar para procurarse sus propios alimentos. Ojalá ahora fuese dando empleos así, atroche y moche, cuantos seguidores tendría, que hoy son descreídos o incluso ateos.

Ya en aquellas lecturas nocturnas de mi abuela, noté que Dios era un poco materialista (no quiero entrar ahora en debates teológicos) pero me extrañaba que siempre, a cambio de que le obedeciesen, les ofrecía “todas las tierras que desde aquí divisas, atravesadas por un caudaloso río, años y años de buenas cosechas, excepcionales cabañas de animales que crecerán en número y mejorarán la raza".

Otras veces era de una crueldad rayana en la barbarie, cuando ordenaba al padre que debía sacrificar a su único hijo, ya había que tener una mente enferma.

Cuando estaba de buenas, avisaba de la desgracia que iba a ocurrir y se salvaban los buenos y morían los malos entre grandes dolores.

Siempre sospeché que Dios era bipolar, pero me lo confirmó el día que envió a su propio hijo a que “muriese por todos los hombres”. Pasados más de dos mil años todavía no sabemos en que consistió aquella salvación, porque en la Tierra siguen ocurriendo desgracias, abusos e injusticias y ya nadie toma partido, nadie avisa de lo que va a ocurrir. El Hijo de Dios resucitó, viajó al cielo supongo que en bussines  y no hemos vuelto a saber de él. Allí en el paraíso con todas las comodidades fue el primer NINI de la historia.

Por no hablar del Palomo, un listillo que germinó a la Virgen (que según la pintan estaba de buen ver) a la manera tradicional, pero dijo que sólo la había visitado. Ay! que ingenuos eran aquellos hombres y lo que tuvo que aguantar José, menos mal que la carpintería relaja mucho. Tampoco volvimos a saber del Palomo, remontó el vuelo y fue abatido por un cazador inexperto o estará en las alturas posado en una varilla de oro, picoteando doncellas, faltaría más. El que tuvo retuvo.

Pero ahora Dios ya no está con los pobres. En las catástrofes ya no está apagando fuegos, construyendo barreras en las riadas y los tsunamis, no está en África lanzando lluvia de preservativos para que no mueran de sida millones de personas al año, ni hace caer maná del cielo para saciar a tantos niños que mueren diariamente de hambre, ni avisó a los abuelitos que compraron preferentes con los ahorros de sus privaciones, de que aquello era una estafa. Ni echa a los banqueros y empresarios de sus mansiones para que las ocupen los sin techo, los sin subsidio, los olvidados de este gobierno.

Antes Dios era un ojo muy grande dentro de un triángulo (ya sabéis Padre, Hijo y Espíritu Santo) Por cierto, fue la primera señal de tráfico entre Dios y los hombre, “Ojito con lo que haces que te estoy viendo” significaba, y vaya si era efectiva, porque ignorarla era el fuego eterno entre zarzas.

Si levantabas la cabeza, siempre veías ese ojo que te seguía como si fueses el peor delincuente del mundo y por mucho que te encerrases en el cuarto de baño oías una voz que decía, “cuidadín con el sexto”

Ahora Dios se va para los malos, malhechores y malvados, o puede ser que los tres pasen de tanta vigilancia y hayan descubierto la buena vida en el Paraíso.
Aunque la más creíble para mi, es que, calculando los años que lleva trajinado hayan muerto ya de viejos los tres vértices del triángulo y el ojo situado en el centro se haya cerrado para siempre.

01 octubre 2013

El hombre que vino del cielo

Llegó allí como si hubiera descendido en un paracaídas, pero él llego sin paracaídas, es decir a gran velocidad y provocando un estruendo que llamó la atención de todo el pueblo. Se levantó rápidamente, disimulando por pudor el golpe.

Los vecinos le rodearon formando un círculo, sorprendidos y algunos conteniendo la risa, por el movimiento rápido y algo grotesco que había efectuado después de la caída.
Él, daba vueltas en torno a sí mismo, como si quisiera controlar un posible ataque o intentando reconocer a todos los que le rodeaban. Pasó así varios minutos hasta que un niño se le acercó por detrás y tirándole de la chaqueta, le preguntó, "¿y tu quien eres?". Él dijo titubeando, mientras se sacudía el polvo de las coderas de su chaqueta, "yo. . . Yo soy. . . Yo soy el sobrepeso del vuelo 4573 Madrid-Berlín" y con gran dignidad recogió su maletín, rompió el círculo de curiosos y se alejó por un camino que no llevaba a ninguna parte.

30 septiembre 2013

El Hombre que da cuerda al mundo

Cuando leo, veo o escucho las noticias parece que al señor que se encargaba de dar manivela al tiempo hacia delante, como era lógico hasta ahora, lo han echado y han contratado a otro que le da a la manivela hacia atrás y a toda velocidad. Yo creo que ya estamos a finales del XIX, como poco.
Nuestros hijos volverán a vivir la Edad Media, o la de Piedra, quien sabe...

28 septiembre 2013

Los hombres que no conocían el silencio

Habían estado tanto tiempo verbalizando sus pensamientos, que el día que por casualidad se produjo un momento de silencio, corrieron despavoridos hacia el mar. 

Todos murieron ahogados, no habían tenido tiempo de aprender a nadar.

23 septiembre 2013

Robert Crumb




Robert Crumb, un dibujante es parte importante de la historia americana y pienso que el más destacado de los artistas del cómic underground.
En este vídeo titulado "The confessions of Robert Crumb" (1987) habla sobre sus personajes y sobre algunos aspectos de su vida.
Precisamente estuvo, este fin de semana, en Bilbao para recoger un premio, y allí dio una conferencia y firmó sus libros. Hubiera dado algo por estar allí y preguntarle por qué en Genesis siguió el texto del antiguo testamento y no le dio su toque personal, aunque se lo perdono porque los dibujos son maravillosos.  

18 septiembre 2013

Traición

Vais a perdonarme, los lectores que me seguís, si es que hay alguno. Tengo la duda más que razonable, de contar hoy este pequeño relato que ocurrió no hace mucho tiempo. Dejaré al protagonista en el anonimato, porque no quiero que por mi culpa se vea envuelto en mofas y chascarrillos. Voy directamente a contar la historia.

Domingo de un otoño todavía caluroso, el protagonista y su mujer salieron a media mañana a dar un paseo viendo que el día estaba agradablemente nublado. El paseo, por circunstancias que no vienen al caso, se alargó más de lo esperado y decidieron tomar algo durante el camino de vuelta a casa. Posiblemente los espaguetis al pesto ingeridos por el protagonista, le condujeron nada más llegar al hogar, al cuarto de baño donde hizo una deposición con mucho menos esfuerzo que en días pasados. Ahora, y perdonadme de antemano los más delicados, he de describir forma, tamaño, textura y algunos otros datos totalmente necesarios en la narración, pero os prometo no regodearme, ni mucho menos, en la descripción.
Al levantarse, el protagonista vio unas pequeñas bolitas un poco rugosas, ni mucho menos esféricas pero si redondeadas y más brillantes y duras en apariencia que los ejemplares mayores de su especie. Esto sería totalmente estúpido contarlo por vulgar y habitual.
Lo realmente sorprendente es la expresividad de aquellos seres, permitidme que les de el don de la vida a lo que todo el mundo casi ni mira (confesad, un instante si miráis) y lo considera un detritus, aunque haya convivido con él, en su propio cuerpo, más o menos tiempo. Ya sabemos como es el ser humano de despreciativo y hasta cruel. Así me sentí yo al verlos y quedarme paralizado contemplándolos, mientras la mayor parte de ellos, me sonreían con sus ojillos negros y sus bocas curvadas hacia arriba. He de decir que otros seres no tenían boca, estaban serios o tenían más de dos ojos, pero yo me fijé en las cariñosas bolitas sonrientes, que ciertamente eran la mayoría. Fueron segundos, quizás menos, pero las sentí como diciendo ¡ánimo Pío!, perdón, ¡ánimo personaje! lo peor ya ha pasado, estamos aquí para lo que necesites, pero el personaje frío y mecánico tiró de la cadena y ellas, conservando la sonrisa, desaparecieron en un torbellino de agua, sin el menor gesto de rencor.


Esta es la historia, habrá descreídos que dirán, “seguro que hacía poco que habías comido kiwi” como si eso cambiase en algo a esos maravillosos seres que ahogué mecánicamente y sin temblarme el pulso.

06 diciembre 2010

Museo Chillida Leku

Parece que si nadie lo remedia el Museo Chillida Leku cerrará a partir de enero de 2011. Como ya ocurrió con la Fundación José Guerrero, en Granada, se encuentra con graves problemas económicos para continuar abierto al público.
Es una pena que dos fundaciones de artistas fundamentales en la historia del arte del siglo XX, tengan ahora que recurrir al cierre, sin que ninguna institución, ni autonómica, ni estatal pueda ayudar a su mantenimiento.

29 noviembre 2010

La consigna era, “borrado total de rastro humano”. Y para ello tendrían que superar a los más grandes exterminadores. Sería un trabajo de gran dureza, pero ellos estaban preparados. Estaban avisados de que el ataque debía ser devastador, una embestida como nunca antes se hubiese infligido.
El odio sin precedentes ya lo tenían inoculado y no era necesario que antes del combate recibieran una arenga de patriotismo y venganza. Su avidez de sangre superaría cualquier batalla anterior. Para ello atacarían, no con la idea de liberar a occidente del mal, sino extasiados por la destrucción, y con el odio corriendo por sus venas.
Allí no habría lugar para el miedo o la duda, puesto que el ataque sería arrebatador. Embriagados de cólera, irrumpirían en busca de la aniquilación total y una vez iniciada la batalla, únicamente podría terminar con el paroxismo de la victoria o con la muerte heroica.
Solamente así podría retornar la concordia al mundo. Arrasando cualquier sedición volvería a reinar la paz absoluta.
Horas más tarde el objetivo había sido cumplido. “Borrado total de rastro humano, ok”. Silencio.

Richard Mosse, de la serie Nomads

26 noviembre 2010

No se si me entiendes... Parte 1

Torre de Babel, año 1600. Tobias van Haecht
Aquella mañana desperté sobresaltado, con una idea pertinaz en mi cabeza. Tenía una tarea que realizar; inventar palabras que aún no existían y que por su ausencia los seres humanos eramos incapaces de entendernos. Este problema era común a todos los idiomas que conocía. Mi profesión de traductor me proporcinaba un amplio muestrario de ejemplos.
Dominaba siete idiomas y podía entender otros cuatro, y en todos ellos, ahora veía claro que adolecían de muchas palabras que definieran sobre todo estados de ánimo y sentimientos que no podíamos transmitir y que por culpa de esta carencia se producían diariamente miles de malentendidos y discusiones de mayor o menor trascendencia en cualquier parte del mundo.
¿Quien me había visitado durante el sueño, demandándome esta ardua empresa, a la que no me veía con la potestad de renunciar? Pasaban por mi memoria infinidad de situaciones personales o hechos históricos en los que estas carencias del lenguaje habían conducido a enemistades, separaciones, discordias, guerras, cismas y demás rupturas.
No se trataba de la confusión de lenguas sucedida en Babel al construir la torre, sino la deficiente, inacabada e imperfecta articulación de las lenguas existentes en el mundo, todas ellas afectadas por unas lagunas que nadie había sentido la necesidad de resolver y que ahora me era encomendado a mi, un humilde traductor de folletos, instrucciones, guías de usuario y demás textos insustanciales y que de ningún modo necesitaban de todas aquellas palabras que ahora debía inventar, definir y catalogar.
Continuará...

25 noviembre 2010

Ella estaba allí


 Su mirada escrutadora me estremeció, la oscuridad más absoluta desembocaba en aquel ojo que como una linterna buscaba una y otra vez en todas las direcciones. La viveza y rapidez de sus movimientos lo convertían en un ente autónomo e inquietente. Lo imaginé desposeído de cuerpo pero capaz de cometer las más terribles aberraciones. Imposibilitado de huir hacia ninguna parte, ya que el ojo se hallaba justo en la entrada de la habitación decidí pertrecharme detrás del sillón. Traté de pensar  serenamente y elaborar una estrategia, pero estaba demasiado agitado como para planificar nada. De repente se encendió la luz y mi mujer, al lado de la puerta, dando un grito aterrador  me reprochó, “Manolo, por dios, podrías haberme dicho que estabas ahí”.

19 noviembre 2010

Oldenburg & Mehmet Ali Uysal

Hace unos días descubrí la obra de Mehmet Ali Uysal y me hizo recordar la de Oldenburg. Sirva esta entrada como homenaje a la pinza y para reflexionar sobre las otras vidas de los objetos, más allá de su cotidianeidad.
Cuando Claes Oldenburg (Suecia 1929) construyó su pinza gigante en 1976 estaba convirtiéndola en uno de los iconos del siglo XX; sustituyendo los héroes ecuestres que encontrábamos en las plazas, por los nuevos héroes del capitalismo, los objetos. Que no suene a crítica, para mí ha hecho mucho más por nuestra civilización la pinza de tender la ropa que el mismísimo Cristóbal Colón.
La pinza de Oldenburg, realizada con acero corten, en el fondo tenía una pretensión de trascender al tiempo y al objeto en si mismo. De hecho hereda el pedestal de las estatuas, que otorga la magnificencia que sólo poseen los seres que trascienden. Situada en una posición no habitual y ayudada por sus grandes dimensiones, se convierte en una representación totémica que recuerda a la obra renacentista Hércules y Cacus de Baccio Bandinelli, ya que ambas, con su tensión contenida, nos exhiben su poder, su fortaleza, pero manteniendo el gesto ausente e intemporal de lo clásico.
La pinza de Uysal, sin embargo, cumple su función, está “apresando la tierra”. Ya no está construida con materiales nobles, sino con los mismos que su hermana menor, madera y acero. El objetivo de Uysal no es trascender, no pretende que la pinza sea, “La pinza”, no se justifica por si misma, sino que depende de su presa y es por eso que su ubicación es la que le da sentido. No necesita un pedestal que la magnifique y convierta en un icono, en un héroe, en un símbolo, pero si necesita esa piel a la que asir. El objetivo de su intervención sobre el paisaje es pellizcarnos, gritarnos. Es una obra en acción por eso necesita su víctima y está necesita exhibir su dolor y ambas un escenario muy concreto donde representar el drama. Esa tensión entre el objeto y la naturaleza me recuerda al Hércules y Cacus del neoclásico Antonio Canova. Aquí ya no hay contención, sino exhibición sin tapujos de una confrontación, y en esos momentos decisivos no hay sitio para la intemporalidad. Estas obras a diferencia de las de Oldenbug y Bandinelli nos retransmiten en directo el suceso, justo en el lugar donde está pasando. 
Uysal: "Pinza·, 2009. Parque Chaudfontaine, Belgica
 

Oldenburg: "Pinza de la ropa" (1976). Philadelfia
 
 
 
 
 
 

Hércules y Lichas (1815) de Canova

 
Hercules y Cacus (1527) de Baccio Bandinelli

11 noviembre 2010

Ai Weiwei

Ai Weiwei artista chino nacido en 1957 presentó en octubre, en la Sala de Turbinas de Tate Modern, una instalación titulada “Sunflowers Seeds”, Semillas de Girasol, consistente en 100 millones de pipas de girasol extendidas sobre una superficie de 1000 metros cuadrados, formando una capa de 10 cm de grosor. Las semillas son de cerámica y están hechas y pintadas a mano por más de 1600 artesanos, siguiendo procesos artesanos milenarios.
El artista pretende que los visitantes al transitar por esta superficie reflexionen sobre el individualismo, la globalización, el totalitarismo, el poder y otros conceptos que según Ai deben debatirse en la China actual.
 La uniformidad de millones de diminutos entes iguales encierra las diferencias de objetos únicos realizados artesanalmente. Además de ser, la semilla de girasol, muy popular entre los chinos, pretende hacer una referencia crítica a Mao al que le gustaba ser representado como un sol rodeado de girasoles.
Ai Weiwei es hijo de Ai Qing, uno de los mejores poetas chinosd el siglo XX, que fue represaliado por tener una visión del arte excesivamente individualista. Ai paso su infancia en un pequeño pueblo aislado donde su padre tenía la prohibición de publicar sus poemas y era obligado a realizar trabajos vejatorios.
Desde joven Ai Weiwei tuvo un espíritu rebelde en contra de los atropellos del régimen chino. Su obra está construida en torno a la lucha para que el pueblo chino alcance la libertad.
En las Olimpiadas de Pekín de 2008, colaboró con el estudio de arquitectura Herzog & De Meuron en la construcción del estadio olímpico El Nido de Pájaro, pero no asistió a la inauguración en protesta de la utilización partidista de los juegos por parte del gobierno.
Como consecuencia de sus continuas críticas al estado ha sido arrestado en varias ocasiones. La última, hace unos días, a raíz de la prohibición expresa de que no organice una fiesta en su estudio, para "celebrar" que va a ser derribado en los próximos días, como represalia por su beligerancia contra el poder.

02 noviembre 2010

Una gran boca negra. 2 y final

Han pasado varios meses y sigo suspendido en el centro del gran socavón. Ayer me llegaron noticias de que algo similar ha ocurrido en Alemania.
Lo peculiar es que si giro la cabeza hacia las profundidades alcanzo a ver a un hombre en el centro de un gran agujero y además puedo hablar con él, como si viviésemos el uno al lado del otro, a pesar de que estamos a miles de kilómetros de distancia.
Helmut Hunter que así se llama, es geólogo y me ha contado que en el último mes se han producido varios socavones similares a los nuestros, con otros tantos hombres inermes suspendidos sobre ellos, en distintos lugares del mundo, pero que los gobiernos han actuado rápidamente para ocultarlos, con el fin de que no se extienda el pánico entre la población.
Dice Helmut que en los próximos días se van a producir miles de socavones por toda la superficie terrestre. El grupo de investigadores con los que trabaja han descubierto recientemente que la Tierra está aquejada de una extraña enfermedad degenerativa, a consecuencia de la cual se está debilitando su estructura provocando multiples túneles que la  atraviesan de parte a parte.
Hace unos minutos me ha confesado que si nadie lo remedia la Tierra terminará por desmoronarse como un castillo de arena.

Socavón aparecido en Schmalkalden. Alemania. 1 de noviembre de 2010

24 junio 2010

Una gran boca negra

Me despierto sobre un inmenso agujero en el suelo donde antes estaba mi casa. Una gran boca negra que se ha tragado todo lo que fui. Al despertar tengo una inmensa sensación de vacío (no quiero risas), digo antes de ser consciente del gran socavón. Sin el más mínimo respeto a la ley de la gravedad, me encuentro tumbado y suspendido en el centro del agujero. En la misma posición en la que estaría si no hubiese sucedido nada. No hay nadie alrededor, ningún curioso, ni policías, ni bomberos, ningún vecino que haya venido a socorrerme. Si miro hacia abajo sólo veo un gran túnel que desciende vertical hacia la más absoluta oscuridad. Sólo me acompaña un helicóptero que, quieto y en silencio, no me quita ojo. Lleva ya tanto rato que empiezo a sospechar que de lo que esta pendiente es del agujero. Toma fotografías de forma minuciosa con una cámara externa pero sus cristales ahumados no me permiten ver nada de su interior. De repente el helicóptero se desploma, se me viene encima, pero pasa limpiamente a través de mí y desaparece succionado por el gran socavón que lo engulle en un instante.
Llueve con intensidad pero no me mojo.
Fotografía del socavón aparecido en Guatemala a consecuencia de la tormenta tropical Ágatha.

10 abril 2010

Philip Guston

Philip Guston (1913-1970) fue un artista contundente. Contundente por la rudeza de su trazo, por su abrupto cromatismo, por su inusual repertorio simbólico, por el inmenso formato de sus obras, pero sobre todo, contundente por su posicionamiento valiente y decidido en la pintura figurativa tan inusual como maldita en los años 60.
Si tuviese que definir con una sola palabra a Guston elegiría “honradez”.
Admiro su reflexivo transito de la abstracción a la figuración, cuando la figuración era un acto heroico. Para Guston combatir en esa trinchera suponía posicionarse en el bando de la no-modernidad, una rebelión inaceptable por parte del integrismo cultural de la época. Paradójicamente, más tarde, la crítica lo convirtió, en contra de su voluntad, en el simbólico macaron de la transvanguardia.
Guston además elaboró una iconografía tan peculiar, como personal e íntima. Sus cuadros giran en torno a su vida, a sus dramas, componiendo una emotiva autobiografía con un lenguaje a mitad de camino entre la dura estridencia del grito y la ternura infinita del hombre que generosamente se desnuda en cada cuadro.
Cuantos formidables artistas se han diluido sobrepasados por sus propias facultades. Que difícil construir algo rotundo, inapelable, esa obra que se mantiene en la cúspide de una montaña inclinadísima por cuyas laderas se precipitan las obras mediocres, como despojos en la ciénaga. La obra de Guston se encuentra enclavada en el mismísimo vértice.

Pareja en la cama. Óleo sobre lienzo, 206x240 cm. Legado Philip Guston. New York

23 marzo 2010

R. B. Kitaj

Kitaj siempre fue un nómada. Siendo casi un adolescente trabajó en un carguero por los mares del sur y más tarde después de la Segunda guerra Mundial tomó rumbo a Europa. Llegó a Viena donde comenzó a descubrir la gran pintura europea. Años más tarde en Londres, enseño el camino a los Hamilton, Hockney, Allen Jones en los albores del Pop Art británico.
Kitaj supo elaborar un lenguaje pictórico propio, mezclando el fondo cultural de insaciable lector, con su avidez por conocer el mundo en el que se zambullía, tomando de él las más variopintas referencias, reinterpretando con su capacidad única la historia de la pintura.
A lo largo de su vida fue una inevitable referencia para los sucesivos movimientos figurativos europeos y americanos, pero nunca acepto pertenecer a ninguno.
En Estados Unidos la critica nunca le perdonó su desapego, ni su independencia y se lo hizo pagar situándolo en un escalón injusto para la calidad de su obra. Pero a Kitaj nunca le importó, más bien se encontraba a gusto con el título de artista maldito.

Personalmente descubrí a Kitaj en los años 80 en Madrid. Aún recuerdo el impacto que me produjo el cuadro de “El griego de Esmirna”. Tenía varios ingredientes para ello, en primer lugar un formato inusual, exageradamente vertical, por otro una composición subyugante con personajes de miradas dispersas distribuidos en varios espacios unidos por una escalera descendente. Recuerdo que sentí la necesidad de urdir una historia que ensamblase todos los elementos de aquel cuadro.
Más tarde pude leer lo que había escrito el propio Kitaj de este cuadro en el catálogo de una de sus exposiciones en la Tate Galery de Londres "Este retrato de mi amigo Nikos Stangos estaba inspirado en su compatriota el poeta griego Kavafis y en sus descripciones sobre su paseo diario por los burdeles del puerto de Alejandría. Yo acababa de volver a Londres de mi único viaje a Grecia, que duró muy pocos días, y entonces él posó para mí en esa actitud de paseante. Le conté a Stangos mi extraño y no consumado vagar por el puerto de El Pireo, imitando a Kavafis. Por tanto el cuadro se refiere a los dos poetas y a mí mismo".
Esta era una forma habitual de elaborar sus cuadros, inventando unos personajes y una historia que los enlazase. Él mismo decía que envidiaba a los grandes novelistas como Dickens, Dostoievski o Kafka, capaces de forjar personajes memorables.
El griego de Esmirna. Óleo sobre lienzo 76,2x243,8 cm

13 marzo 2010

El hombre que decidió ser estatua

Un día alguien se acercó a mi, pero ni él ni yo dijimos nada, permaneció mirándome, así de medio lado, con la cabeza levemente girada. Yo inconscientemente me detuve y ninguno de los dos nos atrevimos a mirarnos de frente. Así es que los dos, por cierto con abrigo de lana gris, estábamos en diagonal respecto al sentido de nuestra marcha, inmóviles. Yo sentía que la gente miraba sorprendida, con miradas furtivas porque la tensión de nuestros cuerpos era tal que nadie se atrevía a pararse o a mirar fijamente. Recuerdo que era un día frío, un día prácticamente en blanco y negro. El tiempo pasaba y ni el ni yo parecíamos dispuestos a tomar ninguna iniciativa.
A pesar de su frialdad, aquella proximidad me reconfortaba y supuse que a él le sucedía lo mismo. Aquella noche llovió, era una lluvia pausada y constante. Una extraña lluvia cálida que nos empapó, y que penetró en nosotros a modo de purificación. Al amanecer, con los primeros ruidos y el transito urgente de la gente, sentimos que las miradas eran, en cierto modo, más atrevidas o al menos estaban impregnadas de cierta familiaridad. Algunos viandantes más curiosos y con menos prisa nos observaron pausadamente, ahora sin temor. Así trascurrieron los días y por los fugaces comentarios de la gente y sus abiertas miradas ya formábamos parte de aquella plaza. No puedo negar que aquella sensación de utilidad, tan inexistente en mi vida anterior, nos reconfortó y nos animó a continuar en aquella posición y en aquel lugar.
Ahora pasado el tiempo, con la llegada de la primavera, los turistas se acercan para tomarse fotos, echando el brazo por nuestros hombros, los niños se abrazan a nuestras piernas y como no algún perro… en fin situaciones cotidianas en el mobiliario urbano.

04 marzo 2010

Piensa antes de plantar un árbol

Piensa antes de plantar un árbol. ¿Acaso matarías a tu hijo porque se sienta en tu sillón favorito, usa tu maquinilla de afeitar o utiliza tu taza de desayuno? Piensa bien antes de plantar un árbol, porque cuando crezca, quizás moleste tu paso y quieras cortarlo, o esté levantando la cerca de tu jardín y quieras cortarlo, o sus ramas, obcecadamente entren por tu ventana y quieras cortarlo, o arroje demasiada sombra donde ahora quieres sol y quieras cortarlo, o no de sombra donde tu querías que la diera y quieras cortarlo.
Piensa bien antes de plantar un árbol, si no quieres convertirte en un asesino del que ha de sobrevivir a los hijos de tus hijos.

02 marzo 2010

Julio Cortazar

 Este texto de Julio Cortazar que siempre me pareció  impresionante, fue utilizado hace algún tiempo por SEAT para anunciar el Seat León. A pesar de los cortes en el texto, me parece un anuncio impactante.

PREÁMBULO A LAS INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ:
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y paseará contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Texto completo que aparece en el libro “Historias de cronopios y de famas”

Anuncio  SEAT LEÓN:

01 marzo 2010

Era mi diluvio, pero no mi barca

Llovía torrencialmente y el agua ya había cubierto edificios, montes y cualquier resquicio de tierra firme. Era mi diluvio pero no mi barca, me dí cuenta porque un  individuo bastante pesado, un tal Noe, no hacía más que pedirme el billete de embarque para que dejase libre el asiento, que al parecer pertenecía a otro pasajero. Había animales por todas partes que producían un ruido ensordecedor. Así que harto de todo aquel bullicio, le dí a un palomo un brote de olivo, y abandoné el barco, para ir inmediatamente a abrir el sumidero. Al fin y al cabo el diluvio era mío.

27 febrero 2010

Mark Rothko: Siempre busqué algo más

Decía Mark Rothko que el arte es una aventura en un mundo desconocido que pueden explorar solamente quienes estén dispuestos a correr riesgos.
Decía Mark Rothko que antes conferiría atributos antropomórficos a una piedra que deshumanizar el más mínimo atisbo de consciencia.
Decía Mark Rothko que un cuadro vive por compañerismo y se expande y aviva a los ojos del observador sensible, aunque también muere por esa misma razón.
Decía Mark Rothko que en ocasiones sus pinturas eran descritas como fachadas cuando en realidad eran fachadas.
Decía Mark Rothko que pintaba cuadros grandes para que fuesen intimistas y humanos, para que el espectador fuese atrapado hacia el interior.
Decía Mark Rothko que una obra de arte debe tener los siguientes ingredientes: Una clara preocupación por la muerte, sensualidad, tensión, ironía, ingenio, unas gotas de azar y opcional, un 10 por ciento de esperanza (los griegos nunca la necesitaron).

A mí, Mark Rothko me absorbe.

Fotografía: Mark Rothko en su estudio ante una de sus obras.